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EDITORIAL
LA
DECEPCIÓN
Como en ninguna otra administración municipal de
Acapulco anterior, ahora enfrenta la peor de su historia con alguien
que en dos ocasiones buscó ser gobernador de Guerrero y que ya fue
diputado federal y senador, por el Partido de
la Revolución Democrática
(PRD), y que hace casi tres años aprovechó la labor que hiciera en
el puerto, como presidente municipal, el actual gobernador del estado,
Zeferino Torreblanca Galindo.
Desde luego que nos referimos al alcalde porteño, Félix
Salgado Macedonio, quien supo utilizar electoralmente el prestigio que
dejó su antecesor, el también perredista Torreblanca Galindo, que
dejó satisfechos a los acapulqueños y pensaron que al votar por Félix
les iba a ir mejor.
A casi tres años de haber entrado como primer edil
del puerto, la decepción se muestra en las caras de los porteños
porque Félix solo sirvió para adornar su ego personal, y no porque
en verdad haya deseado llegar al cargo con el propósito de servir a
la gente, como lo ha enseñado muchas veces con sus actitudes de
artista frívolo, que únicamente desea divertirse.
Recordamos que al llegar a la presidencia municipal,
tuvo la ocurrencia de tomar una escoba y se puso a barrer las calles
del puerto, como si esa fuera su principal tárea, mientras cientos de
personas esperaban ser atendidas de manera personal por Salgado
Macedonio en las oficinas del ayuntamiento.
Ha tratado de ser populachero, más que popular, como
el hecho de que dicen, no nos consta, que para desplazarse por las
calles de Acapulco utiliza una carcacha, cuando que todos sabemos que
cuenta con vehículos caros y motocicletas de lujo que quizá por el
momento los tenga guardados.
Pero en el transcurso de estos años, comenzó a
aparecer un problema que se ha acrecentado poco a poco por todos los
rumbos de Acapulco: la constante escasez de agua potable, incluso
hasta para los hoteles que la requieren y los cuales la usan a fin de
atender a los turistas nacionales e internacionales que llegan en las
temporadas vacacionales al bello puerto.
Dedicado a otras cosas, menos a observar los
conflictos que se iban a presentar a futuro, hasta que el problema le
estalló en la cara no a Félix sino a la ciudadanía y a la industria
turística: cada día hay menos líquido vital, de tal manera que hay
colonias que no lo han tenido durante meses.
Y lo más aberrante del caso es que Félix apoya a la
gente que se opone a la construcción del proyecto hidroeléctrico de
La Parota
, obra con la cual se aseguraría el agua para más de 50 años, y
esos opositores se pueden encontrar casi a diario en las oficinas del
alcalde porteño. Ya querrán agua.
Para algunos porteños
la administración municipal de Salgado Macedonio ha sido un desastre,
pues nunca antes en la historia de Acapulco se había agotado el agua,
por pleitos con el mandatario estatal, por desvío de recursos de
la CAPAMA. Y
eso se verá en las próximas elecciones locales.
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