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S.O.S. COSTA
GRANDE
(MISAEL TAMAYO HERNÁNDEZ, in memoriám)
Hay
algo que por fin cuadra en el gobierno estatal. Está en evidencia que
Zeferino no tiene gente para reemplazar a sus amigos, los secretarios
que ya se fueron como Gloria Sierra y Carlos Álvarez, y tampoco a su
enemigo Armando Chavarría Barrera.
Actualmente
hay sólo “encargados de despacho”, y si de por sí habiendo
secretarios titulares, la crisis de gobernabilidad era evidente en áreas
cruciales, ahora con los coordinadores en funciones y prácticamente
en calidad de “eventuales”, se está creando una encarnizada y
esquizofrénica lucha por el poder.
A
Gloria Sierra le cuida el puesto un encargado de despacho. Suponemos
que es así porque si pierden la contienda interna por las
candidaturas que quieren, volverían con más pena que gloria a sus
sillas secretariales.
Pero
en el caso de la renuncia de Chavarría, aun siendo definitiva, fue
nombrado un subsecretario que estará “a prueba”. Y si no da el
ancho, entonces ya se pensará en un secretario de a deveras.
¿Imaginábamos
en 2005 estos desajustes? Ni soñando. Pensábamos como ciudadanos que
habiendo ganado con tantos votos, el de Zeferino sería uno de los
gobiernos mejor apuntalados. Pero no contábamos con que el club
de Toby estaba restringido a sus amigos cercanos, priistas y
panistas entre ellos, y tampoco contábamos con los acuerdos bajo la
mesa que el gobernador signó para mantener en el poder a hombres del
viejo régimen, como en Turismo y
la Procuraduría
y la policía ministerial. De hecho, fue la estructura de procuración
de justicia la que menos cambios sufrió, lo mismo que
la Auditoría General
del Estado.
De
modo que cuando los perredistas pensaban que habría relevo en todos
los niveles, y ellos tendrían acceso a un empleo tras la conquista
del poder, se toparon con la sorpresa que el gobernador se tomó todo
su primer año de gobierno, para hacer los reemplazos en todos los
escalones de la administración. Y finalmente tal fue la concentración
del poder que hay áreas administrativas donde sus titulares están de
adorno, como Transportes, toda vez que el secretario particular del
gobernador, es el que autoriza o desautoriza los permisos, y siempre
con el visto bueno de su jefe.
A
tres años del gobierno de la transición, algo está fallando.
Estamos ante un gobierno que ejerce la autocrítica y la autodefensa
al mismo tiempo. Se hacen evaluaciones complacientes y se minimizan
los errores.
Suponen
Zeferino y sus muchachos que todo lo están haciendo bien y que si
entre los ciudadanos hay una percepción distinta, es porque los
medios vendidos y chayoteros no han recibido dinero y por lo mismo se
han enfocado en desinformar.
Zeferino
no quiere reconocer que en la estructura que formuló, no hay
capacidad para aterrizar proyectos. La estructura de gobierno que
planteó en 2005 no está dando resultados.
De
paso, el gobernador no se previno para la orfandad electoral. Sus
secretarios tienen ambiciones políticas, y están queriendo chiflar y
comer pinole. Y el gobernador les está cuidando la silla, en lo que
es una jugada inmoral que les está pegando a los ciudadanos.
Los
niños de Zeferino, problemas de autoestima no tienen. Todos son niños
índigo, capaces de andar en misa, danzar y estar en la procesión.
Dicen que han avanzado en temas trascendentales. Pero se escudan
cuando se les señala si lo están haciendo bien y con la velocidad
que se requiere en esta entidad vulnerada.
Más
allá de la autoevaluación, normalmente complaciente, es la evaluación
de la sociedad la que cuenta, y esa no se resuelve con anuncios ni con
excusas. Estamos a la mitad del camino. Y el cansancio ya nos venció.
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