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“Calle
Cuauhtémoc y Plaza de los Héroes, recinto de prostitutas”
KONRADO ÁLVAREZ
MANUEL ÁLVAREZ
Los reporteros de este diario realizaron un recorrido por
la calle Cuauhtémoc, cerca del lugar está la “Plaza de los Héroes”;
a contra esquina, la biblioteca municipal, al parecer único recinto
de consulta académica en el puerto, y así, en medio de todo esto,
converge el popularmente denominado “oficio más antiguo del
mundo”, paradójicamente cultura y “mala educación” están
reunidos en este sitio.
Los residentes que tienen sus domicilios allí, recuerdan
que este fue uno de los primeros caminos, y era de las más bellas y
representativas calles de Zihuatanejo.
Calle y la plaza, al parecer, están a merced del vicio, la
mayoría de los habitantes, después de transcurridas las seis de la
tarde, no salen de sus casas a disfrutar del aire fresco, ya que
“las mujeres de la vida galante” encontraron refugio en ese casi
intransitado rincón.
Algunos individuos se reúnen en “
La Plaza
de los Héroes”, y molestan a toda aquella dama que se atreve a
pasar por dicho lugar, pues equivocadamente la catalogan como
prostituta.
Como se supo, el pasado fin de semana las autoridades
municipales emprendieron un intento más por regular la prostitución
en la zona, los vecinos les presentaron sus quejas, y de pronto la
felicidad invadía a los lugareños, que salían de sus casas para ver
que finalmente la policía se llevaba a las prostitutas que
detuvieron, una señora de aproximadamente sesenta años de edad, se
atrevió a decir, sin revelar su identidad, que los agentes de la
policía se la pasan charlando todas tardes con “esas mujeres”
como las llamó, y en su descontento, agregó que los oficiales
siempre se divierten ahí.
La plaza es una simbólica representación de los héroes
caídos en el transcurrir de distintas etapas históricas de la nación,
son estos monumentos, testigos mudos del descontrol y de los malos
actos que se generan cotidianamente en lo que ahora parece ser un
desolador callejón, generalmente visitado por los curiosos que buscan
el consuelo y la compañía de las sexoservidoras.
Lo anterior evidentemente ocurre por la falta de una zona
de tolerancia fija. Al respecto los vecinos comentaron que desde
gobiernos anteriores se otorgaron permisos para colocar cantinas el
centro de la ciudad, lo cual también desencadenó la prostitución, y
a decir de la gente, ahora está incontrolable por más operativos que
se realicen para regularla, pero tienen la esperanza de que se
erradique el problema.
Evidentemente el oficio de la prostitución es un tabú en
todas las sociedades, la opinión popular está dividida, mientras que
algunos la consideran necesaria, pero regulada; otros dicen que es un
mal, el cual debe suprimirse.
El poeta Antonio Plaza, realizó un texto sobre el tema,
titulado “A una ramera”, el cual reza lo siguiente: “Objeto vil de mi pasión sublime, ramera infame a quien el alma
adora, ¿por qué ese Dios ha colocado dime, el candor en tu faz engañadora?,
¿por qué el reflejo de su gloria imprime en tu dulce mirar?, ¿Por
qué atesora hechizos mil en tu redondo seno, si hay en tu corazón
lodo y veneno?, Ángel que el cielo abandono sin pena, y en brazos del
demonio se ha entregado, mujer más pura que la luz serena, más negra
que la sombra del pecado, oye y perdona si al hablarte lloro, porque
ángel o demonio, yo te adoro”.
Y a titulo de “Canonicemos a las putas”, el bardo Jaime
Sabines dice: “Das placer, oh
puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas
miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las
esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No
discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de
otro color, soportas agresiones del orgullo, las asechanzas de los
enfermos, alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos,
complaces a los hartos, eres la confidente del borracho. En el lugar
en que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel
elegante, a la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo
mismo que una lámpara y un vaso de agua y un pan. Oh puta amiga,
amante, amada, te reconozco, te canonizo a un lado de los hipócritas
y los preveros, te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y
me dispongo de ti todo el tiempo”.
Los vecinos de la calle Cuauhtémoc critican que ahí se
ejerce la prostitución, y naturalmente tienen razón, pues en el
lugar no solo venden sus cuerpos mujeres adultas, sino también lo
hacen menores de edad, lo que lógicamente es corrupción de menores,
un delito a nivel internacional.
La mayoría de las ciudades tiene una “zona de
tolerancia”, es por eso que resulta imprescindible e innegable que
las autoridades comiencen a trabajar sobre ello, reubicando estos
giros rojos, e incluso negros que hay en pleno centro de la ciudad,
los cuales indudablemente fomentan la mala imagen de la misma.
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CARTON |
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Contraportada |
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